¿Y qué hago yo con esta gente?

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Algún momento de 1982. Una reunión en el fondo de un local que parecía abandonado, y la orden de mi mamá de no ir para el frente donde me pudieran ver.

Mucho tiempo después comprendí el contexto de esa reunión, probablemente un comite que se juntaba en los días previos a la democracia.

Viviendo en el Centro Atómico Bariloche desde chico, estaba acostumbrado a ver militares (el centro está entre el regimiento de montaña y el barrio de suboficiales, y es custodiado por Gendarmería). Más de una vez nos agarraron los gendarmes por hacer una trastada, y una o dos veces me apuntaron con un FAL por meterme en las zonas restringidas. Cuestión que mi experiencia con los militares era algo diario.

Crecí con eso, y con los relatos de mi abuela sobre cómo habia que cuidarse de "la chusma". Esa chusma que en el '45 había tomado la Capital por asalto (ella por suerte estaba en La Plata ese día). Ese miedo a que si la chusma se levantaba, todo se iba al carajo. También, vale decirlo, me contó cómo Evita (o una secretaría de Evita) la salvó del acoso de un jefe de una dependencia en la que tuvo que trabajar cuando quedó viuda.

La actividad política de mi padre también me marcó, principalmente su último periodo en el Concejo Deliberante de Bariloche, siendo ya adolescente. Él era radical (hoy desafiliado) y todavía recuerdo el paupérrimo nivel de los concejales peronistas que tenía enfrente. Recuerdo también cómo luego intentó volver a la actividad cientifica, y lo mandaron "a lavar los platos". Él, que estudió y publicó sobre aspectos tan complicados de física que no había supercomputadora en el país que pudiera hacer los cálculos necesarios. Su retiro voluntario y posteriores hizo que yo quedara obligado a trabajar para poder mantenerme estudiando en la universidad o me volviera.

Empecé a trabajar en sistemas justo a tiempo para perderme la bonanza del Y2K y las .com, pero para ligar de lleno la recesión del 2002. Admito que lo voté a De la Rua, mi primera votación de presidente, y hasta me alegré cuando prometieron austeridad. No sabía en ese momento que era austeridad para la mayoría mientras otros se la llevaban en pala. Me sorprendí cuando apareció la ley Banelco y me alegré cuando reapareció Cavallo a "salvarnos". Voté a Clemente en las elecciones del 2001, y marché 2 veces a la plaza en esos diez trágicos de finales de año (no estuve en los días más díficiles y siempre me fui antes de los disturbios).

Para esa época, en sistemas, era noticia corriente escuchar que las empresas echaban 100-200 personas, y a mí me tocó a mediados de 2002.

6 meses más tarde, y tocando fondo de lo que me habían dado en indemnización, entré a PRIMA (Ciudad Internet), y conocí algo del mundo interno del grupo Clarín por el siguiente año y medio. El sueldo era pésimo, mientras los directores andaban en Audi TT. Política corporativa, supongo.

Varios años y trabajos más tarde (mi continuidad laboral es tema para un post por sí solo), empecé a involucrarme en software libre. Me atrajo tanto el aspecto técnico como el filosófico y político. Hasta ese momento, renegando de los sinsabores que había visto experimentar a mi viejo, mi única experiencia política había sido una fallida candidatura al centro de estudiantes de mi colegio.

Llega el 2008, la 125 y la polarización cada vez más alta. Haber cursado Economía durante el 2003 me ayudó a comprender mejor lo que estaba pasando, y cómo los diarios y otras fuentes vendían pescado podrido. De repente, me encontraba defendiendo a un gobierno que no había votado (see, voté a Lavagna, y por suerte no salió) frente a gente que, si se quiere, era más de mi clase. Medidas anteriores, y medidas posteriores, hicieron que cada vez más simpatizara con este gobierno. Y que la bonanza ya no pareciera explicable por el famoso "viento de cola", que para este momento ya deberíamos tener la cola congelada de tanto viento.

La anulación de los indultos, la firma de los tratados sobre delitos de lesa humanidad guardan un lugar muy importante en mi corazon. Recuerdo estar en el colegio, acto escolar y yo en primera fila de mi curso. Delante mío estaba Priebke, como siempre. La única diferencia es que esa semana mi viejo le había pedido la renuncia tras hacerse públicos los crimenes cometidos en Italia. Me dedicó un parrafo en su alocución, que desafié con arrogancia adolescente, pero no puedo olvidar que así eran los tipos que había acá. Todos buenos vecinos, claro.

La AUH, las retenciones (que son limitadoras de precios antes que caja), la disolución de las AFJP, la ley de medios, son varias de las medidas que muchos decían que había que hacer, pero nadie ponía lo que había que poner y se bancaba lo que había que bancarse para hacerlo. No tienen una coherencia perfecta (nadie la tiene), y afortunadamente saben torcer el rumbo ante el reclamo popular. Que después quieran mostrar como que siempre habían estado ahí, me tiene sin cuidado. Quiero que hagan las cosas.

Son los primeros presidentes a los que les escucho explicar conceptos técnicos con soltura, y que reinvindican el saber nacional. Cada vez que hablan de las universidades, de los cientificos, del CAREM de Invap, se me pone la piel de gallina. Muy opuesto a cuando a mi viejo lo mandaron a lavar los platos.

Y no me hagan hablar de los radicales. Que hicieron un desastre en el 2001 y tuvieron que huir como ratas ya es vergonzoso, pero lo peor fue que tanto en el 83 como en el 99 legitimaron el sistema establecido. No tuvieron ni media agalla para plantarse y decir: "Esto así no va. Al pueblo así lo hacemos mierda.". Mantuvieron, cuando no profundizaron el status quo. A lo sumo, tenían (tienen) mejores modales, pero fueron (son) más de lo mismo.

Al resto se los ve en la cancha. La gestión PRO se derrumba, literalmente, bajo su propio amiguismo e inutilidad. Pense que iban a hacer una buena gestión, para pocos, pero ni a eso llegaron. Laburar no es para estos hijos de papá. La política tampoco, ni los cuadros técnicos que nunca aparecieron. Y si es todo una operación del gobierno nacional, aprendé. No paran de tragarse un sapo tras otro.

El proyecto surf demostró que en realidad es el bohemio que quiere ser igual de garca que el resto, pero es más timorato. Igual, con un poco de vergüenza, y tratando de justificarse, sigue a la extrema derecha. Quieren la reforma agraria, pero no les toquen el mail. ¿Saben cuántas se tienen que bancar si quieren parar la mineria? Voltearon al gobierno australiano por mucho menos. Tienen que estar dispuestos a escribir arcilla cuneiforme si es necesario, y no ponerse locos porque le quitan la licencia a una empresa más que flojita de papeles. Es más, no tienen que defender a ninguna empresa, menos a las explotadoras.

Y la chica que tenía un cerillo y un bidón de gasolina se explica por sí sola. Que todavía le presten atención sólo se explica por la calidad (o falta de) de nuestro periodismo. Sólo existe la historia de hoy, ninguno resiste un archivo con lo que escribió siquiera hace un año. Y algunos no van más allá de algunas horas. Sumenle a eso la constante editorialización, frases sacadas de contexto, victimización, y lo que no dicen, y es carton lleno. (para saber en qué te miente un periodista, tenés que ver sus omisiones, a qué no quiere que le prestes atención, como un ilusionista. Ejemplos sobran.)

En fin, que hoy me veo en la encrucijada de apoyar un gobierno que hace muchas cagadas (como todos) y muchas cosas que están muy bien (como ninguno hasta ahora), pero es peronista y la sangre me hierve por eso. Va contra mi naturaleza. Pero tampoco puedo hacerme el ciego a lo que veo. Y en este momento, veo las cosas así.

Una sola cosa. Sé que se mandan cagadas como todos. La diferencia que veo, es que sus cagadas no le arruinan la vida a todo el resto. Mantenganlo así, por favor!

Comments

Súper interesante crónica!
Saludos.
Verox.

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