
Tenía unos diez años cuando una vez, en medio de una discusión, y en ese momento teníamos muchas, mi abuela me dijo: "Tenés que tener más respeto por tus mayores". Inmediatamente le respondí: "El respeto se gana, no se merece". Esta situación dice mucho sobre mi éxito, o falta de, durante mi posterior vida académica, y mi visión en lo que se refiere a la educación.
A lo largo de mi vida profesional, que ya abarca más de un tercio de mi vida total, me ha tocado dar varios cursos y capacitaciones, de manera formal e informal. Creo que mi visión particular sobre la educación y sobre los educadores ha influido cómo encaro esos cursos y capacitaciones y esto es lo que espero compartir acá, quizás como un aporte diferente al problema que representa enseñar algo a una persona.
Primero que nada, las cosas no se enseñan, más que en cuanto a la acepción de "mostrar algo". El componente verdaderamente activo y decisivo en la ecuación es el que la persona que recibe la enseñanza aprenda. Ese es el objetivo fundamental de una enseñanza, o debería serlo.
Muchas veces he estado en clases donde el objetivo principal parecía ser el permitir que un profesor se vanaglorie de sus conocimientos, y sobre todo, de la diferencia insalvable de conocimientos entre el profesor y sus alumnos, los cuales tenían una suerte inacabable sólo por tener el privilegio de compartir el mismo espacio con tan inmenso depósito de saber. Fijense que digo depósito y no fuente, porque en esos casos no suele emanar nada de esos profesores, salvo alguna minúscula muestra gratis de conocimiento, que en muchos casos puede conseguirse más fácil y sin tanto teatro o incluso maltrato en wikipedia.
En otros casos simplemente se dió el caso que el profesor no quería estar ahí, y los alumnos compartían el sentimiento. Un ajustado teatro donde alumnos y profesor fingen no sentir lo que sienten, o aquellos más pudorosos, se avergüenzan de ese sentimiento, mientras tratan de pasar ese momento incómodo lo mejor que pueden.
Y en otros casos, contados, se establece una relación, casi llegando a un estado de flujo, en la que los alumnos aprenden. Casi sin darse cuenta, llevados por la curiosidad o incluso la necesidad de saber, van aprendiendo el tema en cuestión y otros relacionados, generando un entramado neuronal que probablemente les permite recordar y aplicar ese conocimiento años más tarde, en muchos casos sin recordar el origen siquiera de tal conocimiento.
¿Cuál es la técnica, a mi humilde entender, para lograr esto? Primero que nada, focalizarse en el objetivo principal, el aprendizaje por parte de los alumnos. Segundo, el profesor debe correrse del escenario principal y dejar que el tema sea la estrella del momento. Tercero, que el tema pueda ser apropiado por los alumnos. El poder "tocarlo" y masajearlo a gusto es más poderoso que cualquier presentación dada en un proyector. Cuarto, el estado mental apropiado. Una sonrisa y una actitud mental positiva facilitan y fomentan la creatividad.
Continuará...
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