
Me puse a escribir esto para recordarme por qué decidí irme de Ubuntu-ar. El tiempo cambia el color de las cosas, modifica los hechos y endulza la memoria a gusto. Este post va a actuar como un recordatorio de los eventos que me llevaron a tomar mi decisión, y en cierta medida, también como una explicación más general que trasciende al incidente en particular que precipitó mi partida.
Este incidente puntual se trata del thread; "Ubuntu Day - Post Mortem Analysis". El primer mensaje del hilo es este: https://lists.launchpad.net/ubuntu-ar/msg01127.html. Si quieren leerlo completo, armense de paciencia porque es largo. Básicamente, ese thread empieza con una discusión que se había iniciado en privado, entre los que eramos organizadores del evento. En esa discusión privada, el tono del segundo mensaje me pareció agresivo y lo hice notar, a lo que se me respondió que eran observaciones objetivas. Esos mensajes pueden leerlos en la discusión pública, porque los reenviaron luego.
¿Cuál fue mi razonamiento inicial sobre esta discusión? Si un mensaje, apenas lo leo, me hace enojar, y realmente me hizo enojar, seguramente se pueda escribir de otra manera. El tono de un mensaje afecta tanto como el contenido, y ese primer mensaje sentaba las bases para una pelea de posiciones. Las opciones que me dejaban a partir de ahí eran dar la razón, negarlo totalmente o salirme por la tangente con un ataque personal. Ninguna de las opciones me parecían aceptables, y por eso pedí que se reenviara con un tono más moderado, lo que no ocurrió.
A partir de ahí, tuve la esperanza, finalmente incumplida, que otro interviniera y reencauzara la discusión a un análisis constructivo. Creo que el Ubuntu Day tuvo puntos para mejorar, pero una discusión mal encarada no iba a conducir a nada. El que la discusión muriera sin un resultado claro, después de mails cruzados acusatorios sólo confirma mi impresión en ese momento. El que yo interviniera en la discusión no iba a conducir nada, porque todo iba a apuntar que lo estaba tomando personal, como era natural, así que debía esperar la intervención de otros que pudieran moderar, o, en definitiva, censurar el tono de los mensajes, y permitir que la charla se encaminara. Esperé todo un día, mientras los mails iban y venían, sin resultado. Mandé un mail sentando mi posición, y la respuesta fue justamente que lo tomaba personal. Mails subsiguientes en privado sólo confirmaron que el grupo organizador estaba de acuerdo con el tono de la discusión. A partir de ahí me quedaba poco por hacer. Esperé un día y medio más, durante el cual no cambió el cariz de la discusión, y luego envié mi último mail, y seguido a eso mi mail de renuncia a la comunidad, éste último al contacto de Ubuntu-ar y a otro de los moderadores. A partir de ahí hubo un intento de reencauzar la discusión, pero sin un consenso el resultado estaba claro.
Como moderador del foro de Ubuntu-ar, mi tarea durante ese tiempo fue justamente esa, moderar las discusiones para que llegaran a buen puerto. Durante ese tiempo, más de una vez soporté ataques personales. El supuesto anonimato que brinda internet otorga una sensación de impunidad que tiende a sacar los peores rasgos de una persona. Encauzar una discusión y sacar algo productivo, aún a costa de soportar ataques personales es parte de la tarea de un moderador. Pero ese poder de moderador tiene su origen en una mayoría silenciosa que quiere su ayuda. El momento en que pierde el consenso de la mayoría, perdió la influencia para ejercer su tarea. De esta misma manera, el silencio de unos y las opiniones directas de otros me hicieron sentir que había perdido el consenso. Si mi pedido de bajar el tono fue respondido con indiferencias o con alusiones a que "no me lo tome personal", entonces era señal que mi posición no coincidía con la de la mayoría de la comunidad. Sobre todo, considerando que entre éstos había miembros influyentes, incluso compañeros moderadores.
Mi trabajo en los últimos meses había estado apuntado a mejorar la inclusión de la comunidad. Parte de esa tarea consistía en una moderación más fina. Si bien el Código de Conducta de Ubuntu da una serie de normas claras, algunas dejan espacio para la interpretación.
Trabajos como el estudio de FLOSSPOL sobre la inclusión de mujeres en el software libre y una larga serie de artículos los últimos meses hacen mención a una larga lista de situaciones en las que un mensaje puede no tener un solo insulto, pero el tono del mensaje lleva a discusiones inflamadas sin sentido que tienen como resultado la autoexclusión de una mayoría que no está dispuesta a participar, y el afianzamiento de una minoría vocal beligerante como centro del grupo. Si bien el software libre se basa en meritocracia, una minoría muy vocal puede aumentar su prestigio a través de expresiones grandilocuentes y posiciones polémicas, que representan victorías locales para estos grupos, pero producen un daño a la comunidad al provocar el alejamiento de personas menos vocales, que podrían hacer muchos aportes en otras circunstancias. Para la mayoría de nosotros esto es un hobby, y no nos gusta discutir de manera agresiva por algo que debería ser una actividad placentera y de gratificación personal. Al menos en lo personal, ya bastantes discusiones tengo en mi trabajo, para discutir también afuera.
Es con esa visión que comencé a refinar mi moderación en el último tiempo, y plantear discusiones que fueron recibidas en general de manera bastante fría. Si bien después de muchas explicaciones se fue entendiendo lo que planteaba, debería haberme dado cuenta lo que podía pasar en una situación de este tipo.
Entonces llegamos a esta situación, donde soy yo el involucrado directo, y donde mi pedido de moderación es desatendido por el resto de los involucrados en la discusión y, sobre todo, por los otros moderadores. Entonces, qué consenso tengo para seguir moderando el foro?¿Cómo puedo decirle a alguien que modere el tono, si los miembros más prominentes de la comunidad no lo hacen? Ni creo en la aplicación de un doble standard, ni sentí que tuviera el apoyo para continuar como moderador, al menos de la manera que yo consideraba correcta. A partir de ahí, tampoco me sentía parte de una comunidad que permite este tipo de discusiones y mira para un costado. Donde una "puteada" le demuestra a los nuevos que hay que ser fuerte y bancarse las críticas para participar, como se dijo por ahí, y a lo que muchos asintieron tácitamente.
Entonces, mandado mi último mail confirmando el tono de la discusión, y reafirmando mi decisión de no participar, ya me quedaba poco por hacer dentro de esa comunidad. Otras tareas dentro del software libre me reclaman tiempo y parece una cuestión natural utilizarlo en tareas que me den el máximo de satisfacción y donde no deba consensuar posiciones con las que no concuerdo por principio. Espero dedicar este nuevo tiempo libre a otras actividades dentro del software libre que me sean gratificantes o a mi familia, que siempre hace un sacrificio aguantando mi hobby.
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